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¿Cómo logran los árboles de Navidad su forma perfecta? El secreto de la poda experta

¿Cómo logran los árboles de Navidad su forma perfecta? El secreto de la poda experta Los árboles de Navidad no adquieren su forma perfecta por arte de magia ni por genética, sino gracias a entre seis y ocho años de poda meticulosa.

Durante el último mes del año, y a menudo mucho antes, miles de árboles cosechados migran al interior de los hogares, donde se decoran con cintas, guirnaldas, adornos y luces.

Aunque se cultivan con el espíritu navideño, no desarrollan de forma natural esa silueta puntiaguda ideal. "Una vez que los árboles alcanzan entre 1 y 1,2 metros de altura, iniciamos un proceso llamado 'corte' o poda", explica Ben Butler, gerente de agricultura y finanzas de Butler's Orchard en Germantown, Maryland, en una entrevista con la Fundación American Farm Bureau para la Agricultura. "Tras el crecimiento primaveral, cuando las nuevas brotaciones se endurecen, nuestros equipos recorren los árboles uno por uno, guiando su forma con un cuchillo largo y afilado".

Los tipos más comunes de árboles de Navidad son el abeto Douglas, el abeto de Canaan, el abeto Fraser y diversas especies de pinos. De las 630 especies de coníferas existentes, pocas crecen naturalmente en forma triangular estricta, por lo que la poda es esencial para aquellos destinados a ser árboles navideños. Este proceso se repite todos los veranos hasta que alcanzan la madurez comercial, lo que toma de seis a ocho años.

Mira este video del proceso de poda en Glove Hollow Christmas Tree Farm, en Plymouth, New Hampshire:

Tradición Histórica

¿Por qué las celebraciones navideñas exigen árboles piramidales? Muchas tradiciones navideñas provienen del norte de Europa, especialmente Alemania, donde imágenes y cuentos del siglo XIX aún definen nuestras costumbres, con ciruelas dulces danzantes y árboles cónicos.

En esas regiones, las coníferas adoptan forma piramidal por necesidad: cada capa de agujas accede mejor a la luz solar para la fotosíntesis, sin bloqueos de ramas superiores anchas. Esta estructura escalonada resiste nevadas pesadas y vientos fuertes gracias a los espacios entre ramas.

Los árboles sintéticos no sueltan agujas ni representan riesgo de incendio, pero no igualan la experiencia de elegir un árbol real ni su aroma a pino fresco. Según datos de la industria de 2019, el 82% de los estadounidenses optó por árboles artificiales, frente al 18% que eligió reales. Sin embargo, los auténticos albergan vida silvestre, almacenan carbono, generan oxígeno y son renovables: por cada uno talado, se planta otro.

Publicado originalmente: 13 de diciembre de 2017