La pera de Bradford (Pyrus calleryana 'Bradford') se popularizó en los suburbios estadounidenses por su dosel simétrico, tamaño moderado y colores vibrantes en primavera y otoño. Sin embargo, su carácter invasivo y su fuerte olor la han convertido en una especie controvertida. Si el peral de Bradford fuera una celebridad, necesitaría urgentemente mejorar su imagen pública.
Visualmente atractivo con flores blancas en primavera y follaje rojo en otoño, fue el favorito de urbanistas en EE.UU. No obstante, presenta defectos estructurales, fragilidad y un impacto ecológico negativo que han dañado su reputación.
Entre sus problemas: estructura débil con bifurcaciones en V, raíces agresivas que compiten por agua y una propagación invasiva. Además, no es nativo: originario de Asia, fue introducido en EE.UU. a principios del siglo XX.
Medios como The Washington Post lo describen como una "pesadilla ambiental" y "bomba de tiempo ecológica", mientras que The New York Times lo califica de "el árbol más odiado".
Su olor, comparado por muchos con "semen y carne podrida" o "pescado descompuesto", es especialmente repelente. Alex Beasley, de Trees Atlanta, lo confirma: "Nunca he oído que alguien lo describa como agradable. Es horrible".
¿Por qué un árbol puede ser problemático?
Aunque los árboles son esenciales para el oxígeno y la mitigación del cambio climático, la pera de Bradford genera más daños que beneficios. Introducida desde China como resistente al fuego bacteriano, su cultivar 'Bradford' se lanzó en 1964 por el USDA.
Popular por su rápido crecimiento y forma ornamental, pronto reveló fallos: ramas frágiles que se rompen en tormentas y semillas dispersadas por aves que invaden bosques nativos.
La pera de Bradford (Pyrus calleryana) es una especie invasora introducida en EE.UU. en 1960 por el Departamento de Agricultura. ¿Impacto duradero?
Sus raíces absorben agua de especies vecinas, debilitándolas. Beasley advierte: "Plantar uno equivale a sembrar cientos más, devastando bosques y la vida silvestre que dependen de ellos".
¿Solución posible?
A pesar de especies invasoras comunes, expertos como Beasley insisten: "Nunca plantes especies invasoras. Es como introducir hiedra inglesa".
Recomienda nativas: carpe, cedro rojo del este o roble en lugar de pera de Bradford. Critica su venta: "Deberían prohibirse como el tabaco en aviones, por el daño a ecosistemas y costos de remediación".
En primavera, sus flores atraen, pero evítalas. Beasley sueña con "borrarla del paisaje, como en Regreso al Futuro".
Originalmente publicado: 21 de marzo de 2019.