Olvídate del método KonMari: surge un nuevo enfoque de limpieza proveniente de Suecia. Margareta Magnusson, una experta sueca que se describe como "entre 80 y 100 años", presenta en su libro de 2017 El arte suave de la limpieza sueca de la muerte (disponible en Amazon), el concepto de döstädning: el proceso de ordenar, clasificar y donar pertenencias cuando sientes que tu tiempo en la Tierra se acerca a su fin.
A primera vista, puede sonar macabro, pero Magnusson aborda el tema con humor y sensibilidad. La limpieza de la muerte es un acto reflexivo que evita sobrecargar a la familia con el peso de acumular objetos innecesarios. Si has lidiado con las pertenencias de un ser querido fallecido mientras procesas el duelo, conoces esa carga emocional. "Muchos hijos adultos temen la acumulación de posesiones de sus padres", escribe Magnusson. "Si ellos no lo hacen, nosotros tendremos que ocuparnos". El libro fomenta conversaciones familiares sobre este tema delicado y guía a quienes inician el proceso por su cuenta.
¿Cómo empezar, ya sea en tu hogar o ayudando a familiares mayores? "Reducir tus pertenencias toma tiempo", advierte Magnusson. "Los mayores creen que el tiempo vuela, pero somos nosotros los que nos hemos ralentizado. No esperes demasiado". Recomienda comenzar alrededor de los 65 años. No se trata de una carrera contra la muerte, sino de liberar espacio para disfrutar la vida sin obstáculos innecesarios. "La döstädning no es limpiar o quitar polvo; es una organización permanente que simplifica tu existencia", explica.
Como otros métodos de organización, va más allá de lo material: implica emociones. Revisar libros, fotos y cartas evoca recuerdos. Magnusson sugiere dejar estos ítems sentimentales para el final, pero procesarlos es esencial.
A pesar del componente emocional, no es un proceso triste. "La limpieza de la muerte es para tu propio placer", afirma. Antes de desprenderte de un objeto, reflexiona sobre sus recuerdos, buenos o malos. "El placer de redescubrir significados y memorias es lo primordial". Así, ordenar despierta alegría inesperada.