El vino tinto ya no es el enemigo de tu alfombra de lana. La lana es la fibra ideal para alfombras gracias a su textura nudosa y su capacidad para mantener la forma, lo que soporta alto tráfico peatonal y ofrece años de durabilidad. Además, repele la suciedad con su capa exterior encerada, facilitando la limpieza y aspirado. Su alto contenido de humedad la hace naturalmente ignífuga, una ventaja para cualquier hogar. Aunque existen sintéticos que la imitan, las alfombras de lana natural siguen siendo la opción premium.
A pesar de su resistencia, las manchas pueden aparecer. Evita cepillos agresivos o quitamanchas fuertes al inicio: prueba primero con agua corriente. Rocía ligeramente con una botella pulverizadora y, usando una toalla blanca limpia, absorbe desde los bordes hacia el centro para no extender la mancha. Seca bien para eliminar residuos.
Si persiste, cepilla suavemente el pelo de la alfombra en una dirección unas 10 veces, luego en la opuesta. Nunca frotes, ya que daña la pila permanentemente. Repite hasta eliminarla y enjuaga con poca agua. La lana absorbe humedad naturalmente, así que minimiza su uso. Para manchas difíciles, aplica con moderación una solución de agua con detergente suave o vinagre blanco, deja actuar 10-15 minutos y seca.