Instalar una puerta de garaje no es tan sencillo como una puerta interior convencional: puede resultar complicado y potencialmente peligroso. Sin embargo, una puerta manual es considerablemente más fácil de instalar que una automática, ya que es más ligera y no requiere motor ni cableado eléctrico. Si optas por una puerta de madera maciza u otro modelo pesado que te guste, considera una versión automática.
Además de su instalación simplificada, las puertas manuales son más fáciles de reparar (menos componentes mecánicos) y suelen ser más seguras. Las automáticas usan motores de radiofrecuencia vulnerables a interferencias con dispositivos baratos que captan la señal [fuente: Doors 4 Garages]. Aunque incluyen sensores que detienen el cierre ante obstáculos, estos pueden usarse para bloquear la puerta y facilitar accesos no autorizados. Las manuales, en cambio, requieren llave para abrirse, lo que las hace más resistentes a forzamientos.
Para instalar una puerta de garaje manual, necesitarás fijarla con un sistema de resortes de torsión. Herramientas básicas: taladro, llave de boca y llave hexagonal. Sigue al pie de la letra las instrucciones del fabricante. Aquí los pasos esenciales:
- Fija el soporte de bandera y el ángulo horizontal a la jamba de la puerta. Conecta las quinas de torsión y los resortes, colocándolos entre soportes.
- Mide la longitud de liberación del resorte.
- Aprieta los tornillos al tubo de torsión.
- Asegura el tambor izquierdo y el tambor derecho (uno por vez).
- Fija el retenedor del tubo.
- Da cuerda al resorte.
Si no tienes experiencia en proyectos de bricolaje, te recomendamos confiar la instalación a un profesional para garantizar seguridad y funcionalidad óptima.