Lo ideal es regar por la mañana temprano. Si lo haces a mediodía, gran parte del agua se evapora, lo que representa un desperdicio innecesario. Regar por la noche deja el follaje húmedo durante horas, favoreciendo enfermedades. Por eso, la mañana es la opción óptima para un riego efectivo.
La mayoría de frutas y verduras necesitan aproximadamente 25 mm de agua por semana (equivalente a 1 pulgada), aunque cultivos como los melones requieren más. Para regar en profundidad sin mojar las hojas, opta por sistemas de riego por goteo o mangueras de remojo. Estos métodos entregan el agua directamente a las raíces, minimizando riesgos de enfermedades foliares.
Las hortalizas en contenedores tienen raíces más superficiales, por lo que necesitan riego más frecuente que las plantadas en suelo: hasta 2 o 3 veces al día en climas secos y calurosos. Si el sustrato está seco al tacto, es señal de que requieren más humedad.
Regar en profundidad e infrecuentemente es preferible a riegos superficiales diarios. Usa un aspersor en lugar de una lanza. Coloca un pluviómetro para medir el agua aplicada. Idealmente, riega profundamente una vez por semana con aspersor; en picos de calor veraniego, podría ser necesario dos veces. El mulch ayuda a conservar la humedad del suelo.