Las caléndulas son plantas anuales clásicas, muy apreciadas por jardineros en todo Estados Unidos gracias a su facilidad de cultivo en casi cualquier clima de América del Norte. Son resistentes al calor veraniego y solo requieren sol abundante, suelo fértil y bien drenado. Plántalas después de la última helada primaveral y riégalas generosamente al menos una vez por semana. Sus flores destacan en tonos rojos, naranjas, amarillos y dorados. La mayoría de las variedades cultivadas hoy son híbridos seleccionados.
Existen dos especies naturales principales: las caléndulas francesas y las africanas (también llamadas americanas). Las francesas, más compactas, resisten mejor tormentas, mientras que las africanas suelen necesitar tutores para soportar vientos fuertes.
Las maravillas africanas son originarias de México y América del Sur. Presentan flores densas y voluminosas de hasta 13 cm de diámetro, follaje verde oscuro y hojas finas. Pueden alcanzar 90 cm de altura, aunque su aroma no es del todo agradable [fuente: Clemson Extension Home & Garden Information Center]. Sus colores varían de amarillos y dorados a naranjas intensos.
Por el contrario, las caléndulas francesas crecen hasta 50 cm de altura con flores más pequeñas en la gama del rojo y naranja. Son ideales como borduras de jardín, para ramos decorativos o en macetas. Las africanas, por su mayor estatura, se colocan mejor en la parte posterior de los parterres.
Aunque diversos estudios indican que las caléndulas no repelen insectos de forma efectiva, muchos jardineros las plantan con ese propósito [fuente: Clemson Extension Home & Garden Information Center].