El objetivo principal de cualquier método de riego es fomentar el óptimo desarrollo de las plantas. La horticultura, ciencia dedicada al cultivo de frutas, verduras y otras especies vegetales, aplica principios fundamentales tanto en huertos caseros como en explotaciones comerciales a gran escala.
El riego por aspersión destaca en grandes extensiones de terreno agrícola. Muchos sistemas son desmontables y transportables de un sector a otro del campo. Su mecanismo es similar al de un aspersor doméstico: boquillas pulverizadoras impulsan agua presurizada sobre las plantas desde tuberías de aluminio elevadas. En algunos casos, se emplean simples estacas de soporte.
Uno de los principales retos es garantizar una cobertura uniforme. Por ello, los sistemas más avanzados incorporan una pluma (boom) superior móvil que abarca todo el área, asegurando un riego homogéneo. Otra herramienta común es la pistola de agua, que permanece fija pero alcanza varios acres de distancia, minimizando la necesidad de traslados frecuentes.
Todos los sistemas de riego por aspersión demandan volúmenes elevados de agua a alta presión, lo que influye en su complejidad y costo según el tamaño del terreno. Sin embargo, al mojar el follaje, pueden propiciar enfermedades bacterianas y fúngicas si las hojas permanecen húmedas entre 10 y 24 horas.