Jessica Swaney, apasionada coleccionista y experta en compras para el hogar, ha transformado su casa en Raleigh, Carolina del Norte, en un santuario de tesoros únicos. Cada habitación parte de una pieza destacada que define su esencia y evolución.

El espacio exterior fue clave en la compra de esta vivienda de 1.700 pies cuadrados. Jessica lo integró como extensión del interior: sillas bistró de Serena & Lily en tonos azul y blanco, combinadas con pintura blanca brillante en madera natural, replicando la paleta interior.

"Tenía que ser un sofá de cuero", explica Jessica. "Con nuestro gran caniche estándar y un gato juguetón, resiste arañazos y derrames, mejorando con el tiempo". Sobre él, un bordado indio enmarcado armoniza con textiles en cojines, una silla vintage y una mesa auxiliar con tela de Estambul. "No hace falta costurera; lo imperfecto le da ese toque effortless".

Una consola exhibe pilas de telas de sus viajes: "Son fáciles de transportar y perfectas para proyectos de tapicería".

Jessica priorizó funcionalidad sobre tradición. "El comedor se usa poco, así que lo llenamos de libros y colecciones". Tejidos divertidos extienden el motivo textil por toda la casa.

Al mudarse, adquirieron una gran pintura de la artista local Sally King Benedict. "¿Qué mejor forma de inaugurar un nuevo capítulo?", dice Jessica. Sus azules se repiten en toda la vivienda.


Crédito: Brie WilliamsOptaron por Benjamin Moore Decorator's White en toda la casa para equilibrar estampados y colores. "El blanco da descanso visual entre capas", afirma. Piezas blancas como cortinas y marcos refuerzan esta base, incluso pintando hallazgos vintage como la pantalla de mimbre.

Crédito: Brie WilliamsAlgunas antigüedades conservan su esencia marrón: "Son atemporales y versátiles, como esta secretaria con fotos de viajes".

En el dormitorio, tela vintage azul y blanca cubre la cabecera en tonos verde-azul relajantes. La colcha extra es lavable para las siestas del perro.