La harina de sangre y la harina de huesos son fertilizantes orgánicos de liberación lenta que enriquecen el suelo con nutrientes esenciales. Ambas se pueden aplicar juntas de forma segura para potenciar el crecimiento de las plantas.
La harina de sangre, obtenida de sangre animal deshidratada y molida, es rica en nitrógeno, ideal para promover el desarrollo foliar vigoroso. Por su parte, la harina de huesos, elaborada a partir de huesos animales molidos, proporciona altos niveles de fósforo y calcio, además de pequeñas cantidades de magnesio, hierro, zinc y otros oligoelementos esenciales para las plantas.
Estos abonos se descomponen gradualmente, liberando nutrientes de manera sostenida. Su ventaja radica en la seguridad: se pueden aplicar sin riesgo de quemaduras por exceso cerca de las raíces. Sin embargo, no son ideales si las plantas necesitan un impulso rápido de nutrientes.