Existen tres tipos principales de suelo que influyen en el éxito de cualquier proyecto de paisajismo:
- Suelo arenoso: Compuesto por partículas grandes, retiene el agua por poco tiempo, lo que impide que las raíces absorban la humedad adecuadamente. Requiere riego frecuente para mantener un suministro constante de agua a las plantas.
- Suelo arcilloso: Formado por partículas finas, libera el agua con demasiada rapidez, generando un entorno excesivamente húmedo para la mayoría de las plantas. Evita el riego excesivo en estos suelos.
- Suelo franco (marga): Mezcla equilibrada de arena, limo, arcilla y materia orgánica. Ofrece una estructura ideal que retiene la humedad el tiempo justo, proporcionando un suministro constante sin encharcar las raíces.
Mejorar suelos arenosos o arcillosos es posible agregando materia orgánica como recortes de jardín, paja o estiércol compostado (fuente: Cox).
Los métodos de riego recomendados son: rociadores automáticos o goteo para suelos arenosos; líneas de goteo o manguera para arcillosos; y cualquier sistema adecuado para francos, considerando siempre las necesidades específicas de las plantas.
El compost ayuda a retener humedad en suelos arenosos. Plantas que prosperan en ellos incluyen:
- Árboles de hoja perenne como aguja de Adán y gayuba (requieren pleno sol).
- Zumaque.
- Enredadera de trompeta.
- Enredadera de Virginia.
- Grevilleas.
- Margaritas.
El suelo arcilloso soporta bien la mayoría de los árboles, como:
- Olmo.
- Arce.
- Ciprés.
- Abedul.
- Roble.
Plantas perennes resistentes como Susan de ojos negros, lirio de día y aster también crecen bien en arcilla con compost adicional. Estas no solo añaden valor estético, sino que previenen la erosión.
El pasto vetiver es ideal para cualquier suelo y clima, usado globalmente contra la erosión (fuente: Farm Radio International).