El compost es un abono orgánico excepcional que mejora cualquier tipo de suelo. Se elabora a partir de desechos orgánicos como estiércol, restos de cocina y jardinería.
Para usarlo correctamente, almacénalo en contenedores y permite que se descomponga. Luego, esparciéndolo en el jardín, libera nutrientes de forma progresiva. A diferencia de fertilizantes químicos de acción rápida, su efectividad perdura mientras continúa descomponiéndose [fuente: Stell].
Beneficia todo tipo de suelos: une tierras sueltas y arenosas, reteniendo nutrientes y humedad; alivia la compactación en arcillas y limos, permitiendo mejor acceso de aire y agua a las raíces.
Para maximizar beneficios, mézclalo con tierra vegetal en proporción de 15 cm (6 pulgadas) de compost por 30 cm (12 pulgadas) de tierra [fuente: Ciudad de Bremerton]. En zonas de drenaje pobre, usa partes iguales para crear lechos elevados, evitando encharcamientos y promoviendo un crecimiento óptimo.