Las perlas eternas, del género Anaphalis, reciben su nombre de una planta similar mencionada en la Antigua Grecia. Pertenece a la familia de las margaritas (Asteraceae). Su denominación común alude a su durabilidad al secarse, ideal para ramos invernales en repisas de chimenea, como la variedad silvestre americana.
Descripción de la perla eterna: La especie americana Anaphalis margaritacea es una flor silvestre común en gran parte de Norteamérica. Alcanza hasta 60 cm de altura, con hojas delgadas y puntiagudas, verdes por el haz y grisáceas por el envés. Produce pequeños racimos de flores blancas de 0,6 cm en verano. Anaphalis triplinervis, originaria de los Alpes del Himalaya, presenta hojas gris plateadas en primavera que viran a verdes en verano. Sus flores brotan en racimos desde finales del verano hasta las primeras heladas. Nivel de cuidado: Fácil.
Cultivo de la perla eterna: Ambas especies son fáciles de cultivar y se adaptan a la mayoría de suelos, aunque A. triplinervis es menos longeva que A. margaritacea y resulta ideal para borduras perennes o suelos húmedos. Crece hasta 45 cm con hojas de 15 cm gris plateadas. A. margaritacea llega a 50 cm y destaca en condiciones secas, prosperando en laderas áridas. Es perfecta para jardines silvestres.
Propagación de la perla eterna: Por división en primavera u otoño, o por semillas.
Usos de la perla eterna: Sus hojas grisáceas aportan contraste al verde típico del jardín veraniego. A finales de verano, emergen racimos de pequeñas flores blancas con brácteas semejantes a papel brillante, fáciles de secar para arreglos invernales. Tras la dispersión de semillas por los vientos otoñales, persisten las atractivas brácteas.
Nombre científico de la perla eterna: Especies de Anaphalis
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