El cemento tradicional, clave en la producción de hormigón, genera el 5% de las emisiones globales de CO₂ antropogénicas. En la sede londinense de Novacem Limited, los teléfonos no paran de sonar. Esta empresa, nacida de investigaciones en el Imperial College de Londres, desarrolla un cemento de carbono negativo: absorbe más dióxido de carbono del que emite en su producción. No es de extrañar el interés de constructores comprometidos con el medio ambiente.
"La gente está entusiasmada y nos contacta constantemente preguntando por el producto para sus proyectos", explica John Prendergast, gerente de estrategia y planificación de Novacem. Sin embargo, aún no está listo para el mercado. "Requiere una ciencia avanzada y mucho trabajo por delante", añade. La compañía prevé un producto piloto para 2014.
Novacem no está sola: empresas como Calera (California) y Carbon Sense Solutions (Canadá) reciben idénticas consultas. El entusiasmo refleja la urgencia de alternativas al cemento Portland, cuyo impacto ambiental es significativo —representa el 5% de emisiones de CO₂ humanas, solo superado por sectores como la generación eléctrica y la siderurgia [fuente: Rosenwald]. Con el boom constructivo en China e India, esta cifra podría crecer.
Reemplazar el cemento emisor por uno que capture CO₂ sería un avance monumental. Sigue leyendo para explorar los enfoques innovadores.
La búsqueda del cemento de carbono negativo
Antes de analizar las innovaciones, repasemos la fabricación del cemento Portland, un proceso centenario descubierto en el siglo XIX por un albañil inglés y poco alterado desde entonces [fuente: Schenker]. Anualmente, se producen 3.000 millones de toneladas de cemento que generan 30.000 millones de hormigón, extrayendo principalmente piedra caliza de restos marinos fósiles.
La calcinación de la piedra caliza a más de 1.371 °C libera CO₂ incrustado y consume combustibles fósiles intensivos [fuente: Prendergast]. Resultado: 816 kg de CO₂ por tonelada de cemento, contribuyendo al cambio climático con tormentas extremas, deshielo glaciar y subida del nivel del mar.
Las alternativas usan materias primas sin carbono y menos energía. Novacem emplea silicatos de magnesio (olivino, talco, serpentina), que no emiten CO₂ al calentarse y requieren solo la mitad de temperatura (menos combustibles fósiles).
El toque clave: se añaden carbonatos de magnesio generados con CO₂ capturado. Así, cada tonelada de cemento absorbe 0,1 toneladas de CO₂ [fuente: Rosenwald], logrando negatividad en carbono.
Respaldada por el gobierno británico y Laing O'Rourke, Novacem lidera. Calera, apoyada por el Departamento de Energía de EE.UU. y Vinod Khosla, captura emisiones de plantas energéticas para producir carbonatos. Ya opera un piloto en California y planea una fábrica en China junto a una central térmica.
Sigue para evaluar oportunidades y retos.
Oportunidades y desafíos del cemento de carbono negativo
La industria constructora podría tardar en adoptarlo. Aunque aún en fase experimental, Prendergast aspira a que reemplace totalmente al Portland: mismo rendimiento, pero captura CO₂, un salto para la descarbonización.
Desafíos clave: validar resistencia y durabilidad en aplicaciones reales —Novacem reporta pruebas internas prometedoras—. Costos y suministro de materias primas deben competir. Calera enfrenta críticas por accesibilidad de alcalinos, que niega [fuente: Romm].
Novacem asegura abundancia de sus insumos y paridad de precios post-escala: "Nuestro proceso optimizado iguala costos del Portland", afirma Prendergast.
La aceptación regulatoria e industrial llegará con pruebas comerciales. Si iguala precio y calidad, su adopción parece inevitable.