La clave radica en la estructura molecular del algodón, el nailon y el agua. La molécula de agua, con su átomo de oxígeno unido a dos de hidrógeno, interactúa de forma distinta con estos materiales.
El agua posee una cualidad adhesiva gracias a su polaridad. El oxígeno atrae electrones, adquiriendo una carga ligeramente negativa, mientras que los hidrógenos tienen carga positiva. Esta configuración dipolar hace que las moléculas de agua se atraigan entre sí, formando una superficie elástica en las gotas, y se unan fácilmente a superficies con cargas opuestas.
Tanto el algodón como el nailon están compuestos de grandes moléculas poliméricas, cadenas largas de átomos en patrones repetitivos que ofrecen múltiples sitios para que el agua se adhiera.
El algodón es celulosa pura, un polímero natural derivado de cadenas de glucosa. Sus grupos hidroxilo (OH) en el borde exterior, con carga negativa, atraen el agua de manera efectiva. Así, el algodón puede absorber hasta 25 veces su peso en agua, siendo un material hidrofílico.
El nailon, sintético, se forma con más de 100 unidades repetitivas de carbono, oxígeno, hidrógeno y nitrógeno. Aunque también absorbe agua, lo hace en menor medida —alrededor del 10% de su peso— debido a menos sitios de unión disponibles. Su resistencia lo hizo un gran sustituto de la seda.
Además, el tejido de toalla (terrycloth) del algodón tiene bucles superficiales que maximizan el contacto con el agua. Por otro lado, al nailon se le aplican resinas repelentes para que el agua resbale en lugar de absorberse.
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