El aire exterior ofrece una ventaja clave sobre el interior, especialmente en un día soleado: la radiación ultravioleta (UV) del sol. Aunque los rayos UV no son ideales para la piel humana, actúan como potentes desinfectantes al eliminar bacterias. Exponer una alfombra o colchón a varias horas de luz solar intensa aprovecha este poder natural para desinfectarlos de forma económica. Para objetos grandes como un colchón, es una de las opciones más accesibles, ya que no cabe en la lavadora.
La luz UV se emplea ampliamente en desinfección. Por ejemplo, sistemas para piscinas la usan para tratar el agua, municipios la combinan con cloro en el agua potable, e incluso existen dispositivos portátiles para sanitizar cepillos de dientes.
En países en desarrollo, métodos como la desinfección solar del agua (SODIS) utilizan botellas transparentes expuestas al sol para reducir bacterias en agua contaminada. Consulta, por ejemplo, Sol y agua: una descripción general de los dispositivos solares para el tratamiento del agua.
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