Las plantas de jade (Crassula ovata) son suculentas populares, ideales como plantas de interior de bajo mantenimiento o al aire libre en climas sin heladas. Crecen como pequeños arbustos o árboles con tallos gruesos y hojas carnosas. Sin embargo, si notas que se vuelca o sus hojas se arrugan, es una señal de deshidratación extrema o exceso de riego. Te explicamos cómo identificar el problema y revitalizar tu planta.
Una planta de jade saludable muestra hojas firmes, suaves y tallos erguidos.
Cómo regar correctamente las plantas de jade
Originarias de Sudáfrica, en su hábitat natural reciben lluvias intensas periódicas, no riegos semanales ligeros. Imita esto regando abundantemente hasta que drene por abajo, y espera a que la capa superior del sustrato esté completamente seca antes del siguiente riego. Si las hojas se arrugan y los tallos se debilitan, has esperado demasiado: dale un buen remojo y se recuperará pronto.
Drenaje inadecuado y exceso de riego
El riego excesivo o el mal drenaje pueden pudrir las raíces, impidiendo que absorban agua. Para verificarlo, saca la planta de la maceta: raíces sanas son blancas y firmes; las podridas, blandas y marrones.
Si quedan raíces sanas, salva la planta recortando las dañadas y reponiéndola en una maceta con orificios de drenaje ($14, Etsy). Usa sustrato de drenaje rápido como la mezcla orgánica para cactus de Espoma ($10, Ace Hardware). Si usas plato saucer ($11, Etsy), vacíalo siempre para evitar encharcamientos.
Las plantas de jade prosperan en interiores con temperaturas y aire seco similares a los nuestros. Con riegos espaciados, buen drenaje y luz brillante, pueden vivir décadas.