En primavera, los céspedes verdes y vibrantes parecen brotar sin esfuerzo, solo con cortes regulares. Sin embargo, el verano trae calor seco que transforma esa alfombra exuberante en parches marrones y crujientes. El agua es la clave: al rehidratarse, el césped recupera su vitalidad. Para mantenerlo verde todo el verano, riega en el momento óptimo y maximiza los resultados.

Riega temprano por la mañana
El horario ideal es entre las 4 y las 8 a.m. Las temperaturas frescas y vientos bajos permiten que el agua penetre profundamente en el suelo con mínima evaporación. Además, evitas picos de demanda municipal que reducen la presión. Regar al mediodía es ineficiente: el sol y vientos fuertes evaporan el agua o la desvían a aceras y patios, desperdiciándola.
Otro ventaja: las briznas se secan rápido con el sol matutino, previniendo enfermedades fúngicas. Regar de noche deja las hojas húmedas, favoreciendo hongos que pueden arruinar el césped.
Riega profundo e infrecuente
Adapta el riego a las necesidades del césped, no a un calendario fijo. Evita 15 minutos diarios; riega ante signos de estrés: color grisáceo o huellas visibles al pisar.
Opta por riegos profundos cada 7-10 días (1-1.5 pulgadas de agua) para fomentar raíces fuertes que alcancen hasta 30 cm de profundidad. Factores como suelo, tipo de césped y clima influyen; observa siempre la hierba.
La dormancia es una opción segura
La mayoría de céspedes toleran sequías entrando en dormancia: parecen muertos en superficie, pero raíces sanas sobreviven 4-6 semanas. Si hay restricciones hídricas o costos altos, permite la dormancia. Evita riegos superficiales ineficaces; revivirá con lluvia.