En lugar de ignorar el techo inclinado en su sala de juegos en Cary, Carolina del Norte, Zoe y Andrew Hunt lo convirtieron en una ventaja. Construyeron una barra personalizada que se adapta perfectamente a la pendiente. "Los estantes fueron un reto por las paredes irregulares", admite Andrew. "Cada uno tiene medidas únicas para encajar a la perfección". Su precisión matemática resultó impecable: "La inclinación hace que parezca parte original del espacio", destaca Zoe.

La pareja adquirió un gabinete base en una ferretería y lo modificó para integrar un enfriador de bebidas. Fabricaron la encimera y estantes flotantes con tablas de pino, aplicando un acabado de madera quemada con soplete de propano para resaltar el grano. "Este método crea un efecto único imposible con tintes o pinturas", explica Andrew. El proyecto, incluyendo el refrigerador, costó unos 450 dólares.
Andrew y Zoe invirtieron cuatro días en construir e instalar la barra desde la base hasta la ventana y el techo inclinado, logrando un acabado pulido y a medida.
Enmarcaron un gabinete estándar con puertas y cajones, añadiendo un panel lateral y base para el enfriador, que parece integrado. Un respiradero asegura la ventilación. La pintura azul (Sherwin-Williams Naval SW 6244) unifica el conjunto.

Tres tablas unidas con pegamento y ensambles de bolsillo forman la encimera. Tras lijar y practicar en madera de desecho, quemaron el grano con el soplete a 15 cm de distancia, trabajando por secciones. Sellaron con uretano náutico una vez enfriada.

Repitieron el acabado quemado en los estantes. Diseñaron soportes para copas con tacos cuadrados y restos de madera, pintados de negro para armonizar con los soportes metálicos.

Para los tiradores, Zoe unió dos tiras de cuero con pegamento, perforó extremos y los fijó con postes de tornillo a puertas y cajones.