Quizá no sepas qué es el estilo escandinavo, pero seguro que lo has vivido: un sofá hundido con mantas tejidas mullidas, una alfombra de piel sintética junto a la chimenea o una pila de libros con una taza de té. En esencia, este estilo incorpora el hygge (pronunciado 'hue-gah') a tu vida diaria.
El hygge no es un mero estilo de diseño ni algo que puedas comprar; es esa sensación de calidez que los daneses han perfeccionado. Quien lo experimenta vive el presente, disfrutando de lujos como un pastel de chocolate fundido o simplicidades como unos calcetines calentitos. Se trata de captar los momentos encantadores del día. Mientras esta filosofía reconfortante gana adeptos en todo el mundo, el estilo escandinavo tradicional maximiza el hygge en el hogar. Descubre tres acciones simples para lograrlo ya.
1. Deja entrar la luz natural
La iluminación influye directamente en tu estado de ánimo, así que optimízala. Durante el día, busca energía con luz natural: ventanas sin obstrucciones y paredes blancas que la reflejan y amplifican. Para privacidad sin perder brillo, instala ganchos en la pared para apartar las cortinas. Los espejos también multiplican la luz sin complicaciones eléctricas.
Por la noche, crea un ambiente relajante con lámparas de pie que proyecten un resplandor suave. Las velas añaden calidez e intimidad irresistibles.
2. Incorpora texturas cálidas
Elige materiales naturales para un toque orgánico e informal. Piedra, maderas claras como pino, arce o encaladas, y hormigón patinado destacan en climas fríos.
Suaviza estas superficies robustas con fibras acogedoras: lana, algodón, lino y pieles. Mantén una paleta neutra para un estilo escandinavo auténtico y una sala de estar irresistible.
3. Simplifica formas y espacios
El desorden impide el hygge pleno. Parte de ventanas desnudas y opta por muebles minimalistas. Sustituye asientos extra por cojines de suelo, guardados hasta su uso. Elige líneas limpias y diseños acogedores.
Reduce colecciones: si no genera alegría, deshazte de ello. Para acentos, opta por elementos naturales y locales, rotándolos estacionalmente: un bol de bellotas en otoño o un paisaje invernal. Así, perduran y armonizan con tu decoración.