Muchas hormigas son especialmente atraídas por los dulces. La mayoría son comedoras oportunistas que consumen casi cualquier alimento disponible, como otras hormigas, insectos muertos, restos de animales, granos, frutas y verduras. No obstante, especies específicas muestran preferencias claras: las hormigas grasientas priorizan proteínas, aunque aceptan alternativas; algunas se especializan en hongos y otras adoran los azúcares.
Al igual que los humanos y mamíferos, las hormigas requieren proteínas, carbohidratos y lípidos para su energía diaria. Por ejemplo, un perro necesita cerca del 30% de proteínas en su dieta, mientras que un gato exige hasta el 90%. Las hormigas de azúcar buscan azúcares intensos, y las cabezonas prefieren proteínas y grasas cuando están disponibles.
Las hormigas dejan rastros de feromonas al buscar comida, como un camino invisible que las guía de regreso al nido. Si hallan una fuente, alertan a la colonia, que sigue el rastro hasta golosinas como un sándwich de mantequilla de maní y jalea descartado.
Con más de 12.000 especies en el mundo, en EE. UU. predominan variedades comunes:
- Hormigas carpinteras – No comen madera (celulosa), pero anidan en ella. Prefieren melaza de pulgones, insectos y carne muerta.
- Hormigas rojas – Agresivas, consumen semillas, azúcares, carne y grasas.
- Hormigas del pavimento – Omnívoras totales; atacan chicles o restos en aceras.
- Hormigas faraonas – Pequeñas y versátiles, comen casi todo.
- Hormigas de azúcar – Atraídas por dulces, pero omnívoras.
- Hormigas ladronas – O de grasa; priorizan carne, grasas y aceites.