Los tornillos son piezas de fijación esenciales para unir dos elementos de forma segura. Representan una alternativa superior a los clavos, ya que permiten su extracción y reemplazo con facilidad. Generalmente fabricados en acero, acero inoxidable o aluminio —con opciones no metálicas disponibles—, se distinguen por características clave como la forma de la cabeza (plana avellanada, pan, ovalada o redonda), tipo de cabeza, paso de rosca, calibre, longitud y diámetro.
Más allá de estas variaciones, los tornillos se clasifican según el material a unir y si la rosca cubre todo el eje o solo una parte. Algunos son autorroscantes, capaces de crear su propio orificio al insertarse, mientras que otros requieren un agujero pre-roscado. Los tornillos de máquina unen componentes mecánicos, con rosca completa en un eje estrecho. Los tornillos para metal se insertan en orificios roscados previos. En cambio, los tornillos para chapa unen metal con metal gracias a sus roscas afiladas que cortan y forman la rosca al avanzar, por lo que también se conocen como tornillos autorroscantes o de rosca cortante.
Los tornillos autorroscantes para metales combinan lo mejor de ambos mundos: similares a los de máquina, pero con una punta que corta roscas parcialmente. A diferencia de los de chapa, al extraerlos y reinsertarlos, siguen las roscas existentes sin crear nuevas, lo que los hace ideales para aplicaciones precisas en metal.