A finales de la década de 1980, los empleados de la sede de la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA) reportaron problemas respiratorios y síntomas similares a la gripe tras la instalación de alfombras nuevas. Los responsables parecían ser los tratamientos químicos aplicados para proteger contra manchas, fuego y microbios.
Uno de estos compuestos, el 4-fenilciclohexeno, causa el característico "olor a alfombra nueva". Expertos indican que, además de síntomas gripales, estos tratamientos liberan carcinógenos como formaldehído, xileno, benceno y tolueno [fuente: EPA].
En respuesta, el Instituto de Alfombras y Tapetes (CRI) lanzó una iniciativa para informar a los consumidores y reducir emisiones químicas. Crearon el estándar Green Label, que certifica alfombras con bajos niveles de compuestos orgánicos volátiles (COV). Sin embargo, persisten críticas: algunos consideran el sello insuficientemente estricto, y hay casos reportados de problemas de salud incluso con alfombras certificadas [fuente: Williams].
La Comisión de Seguridad de Productos del Consumidor de EE.UU. (CPSC) afirma que no hay evidencia concluyente de que las emisiones de alfombras causen problemas de salud [fuente: CPSC]. La EPA tampoco confirmó definitivamente la causa del incidente inicial [fuente: EPA]. Aun así, recomienda precauciones para minimizar riesgos:
- Solicite adhesivos de bajas emisiones al distribuidor.
- Ventile la alfombra antes de la instalación.
- Mantenga buena ventilación en el hogar varios días tras la instalación.