Al entrar en la casa de Des Moines de la diseñadora de interiores Amanda Reynal, lo último que se piensa es en simplicidad. Sin embargo, eso es precisamente lo que era antes de que ella tomara las riendas. "Arquitectónicamente, el interior era muy básico", explica sobre esta vivienda de dos pisos de los años 70, renovada por Flippers en un lienzo minimalista en blanco. Originaria de la costa este, con un estilo que fusiona el noreste, el medio oeste y un toque de Palm Beach, Reynal aceptó el reto de revitalizar esta pizarra en blanco.

En la planta baja, el diseño de espacios abiertos inspiró una paleta neutra poco convencional para una familia amante del color. Tonos consistentes, anclados en tela de hierba en la mayoría de las paredes y salpicados con blanco y negro audaces, unifican las áreas comunes. En el piso superior, Reynal satisfizo el gusto familiar por colores juguetones y enérgicos sobre paredes blancas. En casi todas las estancias, un patrón protagonista capta la atención, rodeado de combinaciones de texturas y motivos secundarios. El resultado: un hogar cálido, dinámico y lejos de ser monótono.

El solárium de Reynal demuestra cómo una mezcla equilibrada de materiales y patrones energiza una paleta de beige y blanco. El ikat audaz en las otomanas contrasta con la alfombra de estampado antílope, mientras que cortinas y sofá incorporan motivos sutiles de distintos tamaños. Sillas tejidas, revestimiento de tela de pasto en paredes y mesa de madera aportan rica textura.
"Siempre me atrae la simetría", confiesa Reynal, quien prefiere anclar el diseño con pares de piezas idénticas, como otomanas, sillas o mesas.

La sala de estar es un estudio en contrastes valientes pero acogedores. "El blanco y negro puede resultar frío, pero elementos naturales lo calientan", detalla Reynal sobre la mesa de madera nudosa, tela de pasto en paredes y patrón floral en sillas. Todo invita al tacto: cortinas de lino con ribetes, alfombra de lana y yute nudoso. "Una habitación acogedora seduce vista y tacto", afirma.
Si elige paredes oscuras o negras, opte por cortinas y sofás claros para evitar pesadez. El techo lacado en blanco y molduras brillantes de Reynal iluminan el espacio.

La tela de hierba dorada añade un toque especial y une el nicho del bar con la sala.

Los fondos neutros resaltan la colección de arte de Reynal.

"Una mesa redonda es ideal para conversaciones fluidas; todos se ven cara a cara", explica Reynal. Para eventos, la extiende con un sobre redondo y mantel. Sillas cómodas, lámparas de mármol azul-blanco y un gran cuadro colorido animan el ambiente sereno.
"Equilibro la iluminación con accesorios de techo, apliques y lámparas de mesa", añade.

Al comprar la casa, la cocina era moderna pero minimalista. Reynal la personalizó con gabinetes de vidrio para mostrar vajilla, y cambió herrajes y grifo por oro cepillado.
Una screen romana estampada, taburetes de mimbre y arte vibrante inyectan su sello personal.

"Adoro la luz y el reflejo del brillo", dice sobre espejos y metales como latón cepillado en el baño. "Brillan por la noche y son sutiles de día". El papel tapiz texturizado con flores grandes dramatiza el espacio reducido.

"Siempre hay un elemento estrella que guía el diseño, como una tela o arte", indica Reynal. En su dormitorio, la floral del cabecero inspiró cortinas verdes y banco rosa-blanco.

En la habitación infantil, papel tapiz rayado en el techo alegra sobre paredes blancas, evocando techos dramáticos. El somier tejido enlaza con la tela de hierba inferior.

El lavadero, visible desde áreas principales, luce elegante: frentes espejados en gabinetes negros agrandan visualmente; tela de hierba botánica en blanco-negro suaviza y mueve. Pintura brillante resiste uso intenso. Reynal prefiere el alto contraste: "Blanco y negro sobre gris, siempre".