Las prendas de lana son ideales para protegerte del frío invernal, pero requieren un lavado y secado especiales para mantener su forma, color y calidad. Descubre estos consejos prácticos y probados para cuidar tu ropa de lana y prolongar su vida útil.
Pasos a seguir:
Lava con agua tibia. Evita el agua muy caliente, que encoge la lana, o fría, que la estira. Usa agua templada, ya sea a mano o en ciclo delicado de la lavadora.
No refriegues con fuerza. Al lavar a mano, manipula suavemente para evitar deformaciones en las fibras.
Para manchas difíciles, deja la prenda en remojo unas horas. El polvo se adhiere a las fibras, facilitando así la limpieza antes del enjuague.
Para prendas de color, añade una tacita de vinagre al agua. Esto fija los tonos, previene el desvanecimiento y mantiene la ropa vibrante lavado tras lavado.
Seca con toalla absorbente. No uses secadora. Escurre suavemente el exceso de agua y presiona entre toallas para absorber la humedad.
No cuelgues con broches. Evita marcas y estiramiento; las fibras de lana son delicadas y pueden deformarse.
Seca a la sombra. Extiende plana sobre una superficie lisa, a temperatura ambiente, en área sombreada o interior, sin sol directo.